En una conferencia regional sobre pobreza el ministro de Relaciones Exteriores, Javier Martínez-Acha Vásquez, afirmó este lunes que “la pobreza no es el destino de América Latina, es un desafío para transformarla” mediante “visión, conocimiento, instituciones, inversiones y capacidad de acción”.

“No tenemos derecho a aceptar que la pobreza se convierta en una condición permanente”, añadió al inaugurar el evento, auspiciado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el Banco de Desarrollo para América Latina y el Caribe (CAF), que reúne por tres días en esta capital a lideres políticos, autoridades gubernamentales, especialistas y representantes de organismos internacionales.

Entre los invitados especiales destacan el expresidente de Chile, Gabriel Boric Font, y al expresidente de Colombia, Álvaro Urive Vèlez, con quienes se reunió el canciller Martínez-Acha Vásquez antes de la conferencia.

En el encuentro participaron el viceministro de Desarrollo Social, Roberto Arosemena; la panameña Michelle Muschet, subsecretaria general adjunta de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y administradora adjunta del PNUD; y Bertina Woll, directora regional del PNUD para América Latina y el Caribe.

En su intervención, el canciller Martínez-Acha Vásquez, se preguntó: “¿Cómo es posible que una región tan rica en recursos continúe siendo tan vulnerable en premios sociales? ¿Cómo explicamos que nuestras economías puedan crecer sin que ese crecimiento transforme suficientemente las condiciones de vida de quienes más lo necesitan?”

“Cómo justificar -añadió- la asistencia técnica, financiación y programas sociales, la pobreza estructural siga condicionando el futuro de millones de latinoamericanos. Esas preguntas no buscan descalificar los esfuerzos realizados, buscan algo mucho más importante, obligarnos a examinar sus resultados”.
Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), la pobreza alcanzó en el 2024 a un 25% habitantes de la región, lo que representa 162 millones de personas, mientras que la pobreza extrema azotaba a un 10%, es decir unos 62 millones de latinoamericanos y caribeños.

“Necesitamos examinar sus causas económicas, educativas, laborales, territoriales, institucionales y culturales. La pobreza no es una cifra aislada. Es un fenómeno multidimensional”, apuntó el canciller Martínez-Acha Vásquez.

“Aquí aparece una pregunta incómoda, necesarias. Estamos diseñando políticas para administrar la pobreza o para crear las condiciones que permitan superarla de manera sostenible. La diferencia entre ámbitos cosas es enorme”, se preguntó el jefe de la diplomacia panameña.

“La pobreza no solamente es un problema de falta de recursos, es también un problema de oportunidades que no llegan, de capacidades que no se desarrollan y de instituciones que demasiadas veces no consiguen convertir la riqueza de nuestras naciones en prosperidad para sus ciudadanos”, afirmó.

El canciller Martínez-Acha Vasquez sostuvo que la democracia no elimina automáticamente la desigualdad ni garantiza por sí sola la eficiencia gubernamental, pero ofrece mecanismos para corregir errores, exigir responsabilidades y proteger las libertades fundamentales.

“La democracia debe proteger las libertades y demostrar su capacidad para mejorar la vida de las personas, el desarrollo debe traducirse en oportunidades reales y una vida digna para los ciudadanos”, recalcó.

“La persistencia de la pobreza -resaltó- demuestra que los problemas estructurales no han sido resueltos suficientemente. Ha llegado el momento de preguntarnos si estamos midiendo adecuadamente el éxito en nuestras intervenciones porque el número de talleres realizados los créditos concedidos, las personas capacitadas pueden ser indicadores útiles en la actividad, pero no constituyen por sí solos pruebas de una reducción sostenida de la pobreza”.

El ministro Martínez-Acha Vásquez dijo que la cooperación internacional no debe limitarse a financiar las respuestas productivas, debe contribuir a aportar soluciones reales.

“La coordinación entre instituciones, gobiernos y organismos internacionales debe traducirse en proyectos concretos, responsabilidades adquiridas, financiación sostenible y mecanismos transparentes de adopción. La cooperación debe ser capaz de movilizar inversiones, fortalecer capacidades productivas, impulsar la educación, mejorar los servicios públicos y ampliar las oportunidades. Y debe hacerlo respetando las prioridades legítimas de cada país”, remarcó el canciller Martínez-Acha Vásquez.

Por otro lado, el viceministro Arosemena señaló que la pobreza multidimensional en el país pasó del 19,1% en el 2017 al 12,4% en el 2025. Unos 84,000 salieron de esa condición entre el 2022 y el 2025. Pero las brechas siguen allí y siguen siendo profundas.

“Tres de cada 10 personas en las áreas rurales viven en pobreza multidimensional, frente a una de cada 20 en las áreas urbanas. Y la precariedad del empleo continúa siendo uno de los principales desafíos para consolidar estos avances”, aseguró Arosemena.

En tanto, Muschett reconoció el liderazgo de Panamá en la reducción de la pobreza. “El desafío es cómo programamos y cómo protegemos los avances alcanzados”, planteó.

Destacó que países como Chile, Colombia y Panamá son claros ejemplos del impacto que se puede lograr cuando las decisiones de los gobiernos no solo tienen un respaldo político, sino que se toman con visión de Estado y trascienden los periodos gubernamentales.